No hay dos sin tres...o sí. En este caso ha habido 3 sin 2, e incluso 3 y 1/3. La historia del robo orquestado a través de videollamada pedía más, y Al Baltax ha querido dárnoslo.
The Spanish Job 3 Estado de Alarma había introducido a nuevos miembros de la banda, y parodiando una reunión de teletrabajo había conseguido realizar un ejercicio de comedia coral virtual, muy acorde a los tiempos del confinamiento. Tal vez sea un humor "temporal", y algún día olvidamos lo que significaron estos días, o tal vez estas realidades vengan a quedarse en eso que ahora les ha dado por llamar la Nueva Normalidad.
En The Spanish Job 3 y 1/3, al más puro estilo John Wick, de un pequeño detalle de la anterior, los patinetes, se descuelga toda una nueva historia, quién sabe si el puente hacia otra nueva entrega de la saga.
De igual modo, los patinetes fueron la fuente de inspiración para el proyecto del cartel de este cortometraje. En esas conexiones mentales rápidas y algo absurdas, los cacharros eléctricos sobre ruedas me evocaron la libertad de los conductores de motocicletas, y si hay una película que tiene como icono las choppers, esa es Easy Rider. Así que rebuscando en el cartel de la película, en una de sus versiones del año 1969, encontré el objeto de homenaje perfecto.
Johnny (Javi Lázaro) en primer plano, y el resto de los personajes, Capitán Anemia (Álvaro de Paz), Metralleta (Miguel Ángel Ariño), Vane (Natalia Gómara) y Hubble (Ángel Salazar), montados en sus bestias, con un laurel inventado en homenaje a mi querido Alberto, componen este nuevo despropósito visual. Os dejo el original, para que la crítica pueda ser aún más destructiva.
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sábado, 16 de mayo de 2020
The Spanish Job 3 Estado de Alarma, de Al Baltax
Definitivamente, esto de las fases de la desescalada ha sido un completo lío. Y al más puro estilo de George Lucas con su saga de Star Wars, a Al Baltax le ha dado por lanzar antes la tercera entrega que la segunda.
Este cortometraje surge desde lo inmediato, lo absurdo, lo impensable que hemos vivido durante algo que jamás pensamos que íbamos a experimentar en nuestras vidas, una pandemia, un confinamiento, una suerte de guerra en la que no hay disparos y lo único que se nos pide es que nos quedemos en nuestras casas, sin entender muy bien que está sucediendo allá afuera. Los que no hemos visto la enfermedad de cerca, hemos tratado de vivir este tiempo de la manera más llevadera posible, y el humor ha sido una de las vías de escape más eficaces y necesarias. Posiblemente los que lo hayan sufrido más de cerca también han necesitado del poder curativo de una sonrisa, y esa ha sido la intención al llevar a cabo este proyecto, intentar arrancar esa sonrisa.
He de confesar que he sido de esos primeros privilegiados, los que no han tenido que sufrir de cerca los estragos de esta enfermedad, y quizá he tenido cierta visión egoísta del asunto, tratando de trivializar situaciones y comportamientos de masas que todos hemos visto a través de los medios de comunicación o las redes sociales, o incluso formando parte de ellos, algunos rozando el absurdo, como el acopio de papel higiénico, la pasión repentina de muchos por la panadería, etc...
Para bien o para mal (más mal que bien, la verdad) estamos viviendo un momento histórico, y todos los momentos claves de la historia han tenido su repercusión en el arte de su momento. He visto como amigos fotógrafos como Jaime Oriz o Beatriz Pitarch nos hacían partícipes de su visión de estos instantes, músicos como Fernando Rickenbacker o Diego Stabilito hacían lo propio con su música, o mi admirado Jesús Marta confinaba sus ilustraciones en latas, y se asomaba a las ventanas ajenas a través del papel y sus rotuladores. Seguramente me dejo a muchos otros.
Tenía que hacer algo, y como siempre, Al Baltax fue mi tabla de salvación. Le pedí total libertad, y me la dió, y con un poquito de complicidad por casa, pude extraer de mi cabeza la imagen que llevaba días rondándome, titulada El Rey del confinamiento. A partir de ella me puse a experimentar...
Y este es el atentado visual perpetrado. Mis disculpas.
Este cortometraje surge desde lo inmediato, lo absurdo, lo impensable que hemos vivido durante algo que jamás pensamos que íbamos a experimentar en nuestras vidas, una pandemia, un confinamiento, una suerte de guerra en la que no hay disparos y lo único que se nos pide es que nos quedemos en nuestras casas, sin entender muy bien que está sucediendo allá afuera. Los que no hemos visto la enfermedad de cerca, hemos tratado de vivir este tiempo de la manera más llevadera posible, y el humor ha sido una de las vías de escape más eficaces y necesarias. Posiblemente los que lo hayan sufrido más de cerca también han necesitado del poder curativo de una sonrisa, y esa ha sido la intención al llevar a cabo este proyecto, intentar arrancar esa sonrisa.
He de confesar que he sido de esos primeros privilegiados, los que no han tenido que sufrir de cerca los estragos de esta enfermedad, y quizá he tenido cierta visión egoísta del asunto, tratando de trivializar situaciones y comportamientos de masas que todos hemos visto a través de los medios de comunicación o las redes sociales, o incluso formando parte de ellos, algunos rozando el absurdo, como el acopio de papel higiénico, la pasión repentina de muchos por la panadería, etc...
Para bien o para mal (más mal que bien, la verdad) estamos viviendo un momento histórico, y todos los momentos claves de la historia han tenido su repercusión en el arte de su momento. He visto como amigos fotógrafos como Jaime Oriz o Beatriz Pitarch nos hacían partícipes de su visión de estos instantes, músicos como Fernando Rickenbacker o Diego Stabilito hacían lo propio con su música, o mi admirado Jesús Marta confinaba sus ilustraciones en latas, y se asomaba a las ventanas ajenas a través del papel y sus rotuladores. Seguramente me dejo a muchos otros.
Tenía que hacer algo, y como siempre, Al Baltax fue mi tabla de salvación. Le pedí total libertad, y me la dió, y con un poquito de complicidad por casa, pude extraer de mi cabeza la imagen que llevaba días rondándome, titulada El Rey del confinamiento. A partir de ella me puse a experimentar...
Y este es el atentado visual perpetrado. Mis disculpas.
martes, 27 de noviembre de 2018
Ojo por ojo, diente por diente, de Al Baltax
La esperada secuela de The Spanish Job está casi terminada, a falta de rodar una trepidante y explosiva secuencia postcréditos que va a ser la guinda del pastel. Para la mañana de ese sábado estaba todo previsto, actores, equipo, localización... excepto lo imprevisible (o al menos hasta que el señor del tiempo se pronunció): la meteorología, nuestra gran amiga. La previsión era nefasta, así que hubo que cancelar la jornada de rodaje, pero Al Baltax es un culo de mal asiento, y la necesidad de filmar, ese run-run, ese come-come que sólo los directores conocen porque lo han sentido, le llevó a articular en tiempo récord un plan alternativo. Alternativo, que no "B", porque parece que llamarlo así sería robarle la dimensión al proceso y al resultado, que es de "A" mayúscula.
Ojo por ojo, diente por diente es uno de esos guiones afilados, como si Tarantino dirigiera un capítulo de La Casa de la Pradera, con la dosis exacta de humor, ternura, mala baba y con el "más difícil todavía" para cualquier director: rodar con niños.
Alberto escribe que me agradece estar ahí siempre que puedo para participar en sus "proyectos barra locuras". No se da cuenta de lo feliz que me hace cada vez que confía en mi para hacer....bueno, no se exactamente si lo que hago está bien o no, pero como sólo me paga con donuts y patatas fritas, le debe de salir a cuenta.
Esta vez, para el cartel, la idea surgió con la primera lectura del guión, tratando de buscar una imagen que aportara la información necesaria para el planteamiento de la historia, jugando con el desconcierto y la identidad del Ratoncito Pérez, pero sin revelar el desenlace, lo que se viene llamando "sin hacer spoilers". Las puertecitas de casa de muñecas que venden para decorar las habitaciones de nuestros más pequeños, para que el pequeño ratón pueda colarse de noche y tomar los dientes para dejar su moneda, era un elemento con la suficiente potencia alegórica y un soporte ideal para plasmar que algo extraño (a través del cordón policial) está sucediendo. La estética más limpia, blanca y con reducción de elementos que en carteles anteriores, así como una tipografía sin alardes y jugando con el "blanco sobre "blanco" era una intención que llevaba tiempo queriendo desarrollar en algún proyecto, quizá teniendo en mente hacer una lejana referencia a la línea de uno de mis diseñadores favoritos, Isidro Ferrer, pero sin llegarle ni a la suela del zapato.
Bueno, y este que sigue es el resultado. Lo acompaño con una colección de fotografías de los actores, y de imágenes promocionales del rodaje y la foto de grupo del equipo del proyecto
.
Ojo por ojo, diente por diente es uno de esos guiones afilados, como si Tarantino dirigiera un capítulo de La Casa de la Pradera, con la dosis exacta de humor, ternura, mala baba y con el "más difícil todavía" para cualquier director: rodar con niños.
Alberto escribe que me agradece estar ahí siempre que puedo para participar en sus "proyectos barra locuras". No se da cuenta de lo feliz que me hace cada vez que confía en mi para hacer....bueno, no se exactamente si lo que hago está bien o no, pero como sólo me paga con donuts y patatas fritas, le debe de salir a cuenta.
Esta vez, para el cartel, la idea surgió con la primera lectura del guión, tratando de buscar una imagen que aportara la información necesaria para el planteamiento de la historia, jugando con el desconcierto y la identidad del Ratoncito Pérez, pero sin revelar el desenlace, lo que se viene llamando "sin hacer spoilers". Las puertecitas de casa de muñecas que venden para decorar las habitaciones de nuestros más pequeños, para que el pequeño ratón pueda colarse de noche y tomar los dientes para dejar su moneda, era un elemento con la suficiente potencia alegórica y un soporte ideal para plasmar que algo extraño (a través del cordón policial) está sucediendo. La estética más limpia, blanca y con reducción de elementos que en carteles anteriores, así como una tipografía sin alardes y jugando con el "blanco sobre "blanco" era una intención que llevaba tiempo queriendo desarrollar en algún proyecto, quizá teniendo en mente hacer una lejana referencia a la línea de uno de mis diseñadores favoritos, Isidro Ferrer, pero sin llegarle ni a la suela del zapato.
Bueno, y este que sigue es el resultado. Lo acompaño con una colección de fotografías de los actores, y de imágenes promocionales del rodaje y la foto de grupo del equipo del proyecto
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domingo, 30 de julio de 2017
The Spanish Job, de Al Baltax
No se dice que no a la llamada de Al Baltax. The Spanish Job surgía como idea para presentar al Festival Audiovisual de Jóvenes Creadores de los Pirineos, que se encontraba patrocinado por el fabricante de vehículos Mini. Entre los requisitos del concurso, obviamente, que apareciera de algún modo un coche de la marca.
Con el tiempo justo, Al elaboró un fantástico guión de homenaje a "The Italian Job", del que supo sacar todo el jugo cómico para pasarlo por su batidora particular. La batería de actores que consiguió embarcar en tiempo récord fue igual de apabullante: Javi Lázaro, Javi Usón, Miguel Ángel Ariño, Chaime Magallón, Mino Tapia, Iñaki Sánchez, la breve pero oportuna aportación de Luis Rabanaque, y la revelación como actor del director de cine aragonés Ignacio Estaregui (Justi&Cía, Miau), que posteriormente se llevaría el Premio a Mejor Actor en la Gala Clack con su papel de Charlie.
La propia historia concebida como homenaje me llevó a revisitar el clásico The Italian Job (Peter Collinson) de 1969, con Michael Caine, y el posterior remake de 2003, dirigido por F. Gary Gray, con Mark Wahlberg, Charlize Theron, Edward Norton. El viaje al pasado no fue sólo a través de las películas, sino que fue extensivo a sus respectivos carteles. Si bien los del remake de 2003 los tenía recientes en la memoria, el encuentro con el cartel de 1969 fue una de esas sorpresas que sólo pueden recibirse con alegría. Aunque el listón estaba muy alto, y evidentemente inalcanzable, las opciones para homenajearlo estaban ahí. El diseño de un logotipo, acorde a la estética de la versión 2003 sirvió para encadenar ambas alternativas, y también para desarrollar el resto de material promocional tanto impreso como en redes sociales. A continuación os presento el resultado del trabajo, y los carteles de las dos películas.
Finalmente, una colección de fotografías del "making of", que os invito a visitar en otra entrada haciendo clic aquí. sirvieron de soporte en la promoción de esta pequeña pero gran pieza de Al Baltax, que está teniendo su recorrido por festivales de todo el mundo. Esto sólo puede ir a más. Y cuando Al Baltax sea famoso, yo diré que fui al cole con él.
Con el tiempo justo, Al elaboró un fantástico guión de homenaje a "The Italian Job", del que supo sacar todo el jugo cómico para pasarlo por su batidora particular. La batería de actores que consiguió embarcar en tiempo récord fue igual de apabullante: Javi Lázaro, Javi Usón, Miguel Ángel Ariño, Chaime Magallón, Mino Tapia, Iñaki Sánchez, la breve pero oportuna aportación de Luis Rabanaque, y la revelación como actor del director de cine aragonés Ignacio Estaregui (Justi&Cía, Miau), que posteriormente se llevaría el Premio a Mejor Actor en la Gala Clack con su papel de Charlie.
La propia historia concebida como homenaje me llevó a revisitar el clásico The Italian Job (Peter Collinson) de 1969, con Michael Caine, y el posterior remake de 2003, dirigido por F. Gary Gray, con Mark Wahlberg, Charlize Theron, Edward Norton. El viaje al pasado no fue sólo a través de las películas, sino que fue extensivo a sus respectivos carteles. Si bien los del remake de 2003 los tenía recientes en la memoria, el encuentro con el cartel de 1969 fue una de esas sorpresas que sólo pueden recibirse con alegría. Aunque el listón estaba muy alto, y evidentemente inalcanzable, las opciones para homenajearlo estaban ahí. El diseño de un logotipo, acorde a la estética de la versión 2003 sirvió para encadenar ambas alternativas, y también para desarrollar el resto de material promocional tanto impreso como en redes sociales. A continuación os presento el resultado del trabajo, y los carteles de las dos películas.
Los actores se merecían un reconocimiento especial a su trabajo, y para apoyar la promoción preparé estos pequeños recuerdos para cada uno de ellos.
Finalmente, una colección de fotografías del "making of", que os invito a visitar en otra entrada haciendo clic aquí. sirvieron de soporte en la promoción de esta pequeña pero gran pieza de Al Baltax, que está teniendo su recorrido por festivales de todo el mundo. Esto sólo puede ir a más. Y cuando Al Baltax sea famoso, yo diré que fui al cole con él.
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